Llevo un mes llevando el coche al taller de Ramiro en Vigo y la diferencia se nota. Primero fue una revisión de frenos que me prometieron para el jueves y estaba lista el miércoles por la tarde. Luego una luz del cuadro que encendía y apagaba; en vez de cambiar piezas a lo loco, estuvieron media hora mirando el cableado y resultó ser un conector flojo. Me cobraron solo la mano de obra y me explicaron cómo evitarlo. Lo que más valoro es que no te tratan como si supieras menos de lo que sabes: te enseñan la pieza vieja, te dicen cuánto cuesta cada cosa y no inventan averías. Para alguien que usa el coche a diario para ir a trabajar, tener un taller así cerca de casa es un alivio.